Desahogo
Hace más de un año que no escribo aquí. El duelo me ha enfocado en otras cosas, y una de ellas era olvidar parte de esta historia. Y este blog entraba dentro de esto.
Sin embargo, hoy siento la necesidad de escribir, de desahogarme. Porque, una vez más, y esta vez en tiempo récord, me ha vuelto a suceder lo de siempre. Me ha vuelto a hacer lo de siempre. Escapar. Huir. Y todo sin ninguna explicación.
Tres días han sido suficientes esta vez. Después de un año sin hablar, en tres días ha vuelto a desaparecer. Ella, la que me había dicho que estaba cambiando. Ella, la que me dijo que esta vez me quería cuidar, sin importar lo que yo sintiera. Ella, que me dijo que esta vez iba a hacer las cosas bien. Ella, la que se difuminó de un día para otro sin explicación ninguna.
No sé qué ha pasado. Sé que está destrozada por la muerte de su tío. Sé que la caída de su abuela la ha tocado mucho. Pero eso no es excusa para desaparecer de repente sin dar la cara. Porque nada justifica la falta de respeto emocional que me ha hecho. Y todo sin saber por qué.
Esta vez me estoy protegiendo. Y, aunque me está doliendo, no lo voy a negar, estoy poniendo mis límites. Aún tiene una puerta a la que asomarse. Pero a esa puerta le queda una semana. Y si no aparece, tendré que cerrar esa puerta. Me va a doler, mucho, muchísimo. Pero todo el cuidado que ella no ha sabido darme me lo tengo que dar yo.
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