Cansancio

 


Casi dos semanas ya sin saber nada de ella. Y todos estos días son los que me han llevado a estar prácticamente desaparecida. Si me conoces, sabes que apenas tengo tiempo para nada, pero esta vez mi encierro y mi hermetismo han ido más allá.

Y es que estoy cansada, muy cansada. Estoy agotada. Y no sólo físicamente, sino mentalmente también. Necesito empezar a abrirme y a soltar porque, sinceramente, siento que ya no puedo más.

Necesito tiempo. Parece fácil pedirlo, ¿verdad? Eso mismo pensaba yo, pero ahora me doy cuenta de que no lo es. Y es que necesito sentir que no voy ahogada a todos lados, que puedo parar antes de las 11 de la noche y que puedo dedicarme tiempo. Porque no imaginas cuánto lo necesito.

Necesito sentir que puedo pensar y que puedo llorar. Porque necesito llorarla. Necesito no sólo aceptar y asumir que decidió seguir sin mí porque yo no era suficiente para ella, sino sentirlo dentro de mi corazón. Necesito sentir ese dolor y dejar de tapar agujeros, llorar y gritar su ausencia, entender que al final sólo necesitó tenerme para sentir que ya el objetivo lo cumplió.

Y sí, ya sé lo que estás pensando. Que qué estúpida soy por llorar a alguien que sólo tenía una finalidad conmigo, ¿verdad? Pues puede ser, ¿pero sabes qué? Que me da igual. De verdad, me da completamente igual que haya sido así.

Ella se quiso ir porque sólo veía su verdad que, lamentablemente para ella, no era la verdad. Y digo lamentablemente porque ha sufrido demasiado por sus inseguridades, sus miedos y su veneno. Se ha autodestruido ella sola y ha destruido lo que teníamos. Y estoy convencida de que sigue pensando lo mismo. Da igual las veces que yo la haya demostrado o la haya dicho que ella era mi mundo. Ella siempre encontraba una excusa, hasta la más inverosímil, para empoderar su teoría. Imagino que tal vez era incluso lo que buscaba para poder terminar conmigo.

Ha llegado un momento en el que ya no me importa si jugó conmigo e intentó darle la vuelta a todo para dejarme como la culpable de toda esta historia porque no sabía cómo alejarse de mí o si de verdad todos esos miedos eran reales. Posiblemente fuera una combinación de ambas cosas, vete tú a saber. Pero me da igual porque estoy cansada.

Y es que en toda historia siempre hay dos versiones y eso a veces se nos olvida. Y yo sé que mi parte de la historia es cierta. ¿Y sabes qué? Que con eso me vale y me es suficiente. Sé que la he amado como jamás he amado a nadie, sé que la di más de lo que he dado nunca a nadie, sé que me he entregado al 500% con ella y sé que me he exprimido para intentar hacerla feliz. Pero bueno, imagino que mi mayor error fue intentar seguir tirando de alguien que nunca ha querido avanzar, que ha vivido siempre estancada y atascada conmigo, y que desde el primer momento me dijo que era infeliz a mi lado. Supongo que cuando se está enamorada haces todo lo que puedes por no perder a quien amas, pero ahora me doy cuenta de que lo único que consigues así es estirar algo que está destinado a romperse porque la otra parte jamás quiso luchar a tu lado.

Si algo sí te puedo asegurar es que jamás entraré en guerra con ella. Primero, porque es mucho más buena que yo en eso y me destrozaría a la mínima. Y segundo, porque aún la amo.

Y precisamente por eso es que tengo que aceptar la realidad. Porque no importa cuál versión sea la verdadera, si la suya o la mía, o una mezcla de las dos, que es como suelen ser las cosas por lo general. Al fin y al cabo, ¿qué más da? Ella no está. Decidió irse. La busqué muchas veces porque jamás la habría apartado de mi lado, pero ella siempre tuvo claro desde el principio que no quería quedarse conmigo. Y si algo te aseguro es que no la voy a odiar por eso.

Ella no tiene culpa si no fui suficiente para ella. Y yo no tengo culpa si todo lo que la he dado no ha sido suficiente para ella. Sé que he dado mi máximo y sé que no puedo dar más. Simplemente ella necesita mucho más y yo no soy quien puedo dárselo porque lo que yo tengo para ella no es todo lo que ella quiere.

Y esto no significa que yo no sea una persona valiosa porque sé que para otra gente lo he sido incluso dando muchísimo menos. Sin embargo, para ella mi mejor versión no es suficiente. Y repito, no es su culpa si yo no puedo estar a la altura que ella quiere. Pero tampoco es la mía cuando mi conciencia está tranquila por haberla dado todo y más de lo que tenía dentro de mí.

La echo mucho de menos y siento un vacío muy grande en el pecho. Me hace mucha falta, muchísima, pero estoy resignada. Que diga lo que quiera y que cuente las cosas como quiera contarlas. No voy a pelear, no tengo fuerzas. Y no resistiría una guerra absurda basada en elucubraciones y acusaciones falsas de cosas que jamás han pasado tan sólo porque ella vive convencida (y equivocada) de que sus miedos son verdades. Y no. Sólo eran miedos.

Así que soy yo la que de verdad saca la bandera blanca. Yo sólo quiero paz. Y ojalá hubiera podido ser a su lado, pero ella no ve ni siente las cosas como yo lo hago. Y yo ya no quiero más daño ni más dolor. Porque ahora lo que me toca es seguir llorándola hasta vaciarme, nada más. Y luego seguir mi camino sin ella, aceptando su decisión. Porque si alguien se merece ser feliz después de tantos años no sólo es ella, sino yo también.

Y que el destino haga conmigo lo que tenga que hacer.

Comentarios