La segunda flecha
Hoy quería hablar de la parábola budista de la segunda flecha, que dice así:
Un día, mientras vas caminando, te alcanza de repente una flecha que te hace sentir dolor. Y después de esa primera flecha, te alcanza una segunda flecha. Sin embargo, con ésta no experimentas dolor, sino sufrimiento.
Esta segunda flecha aparece si buscas a alguien a quien culpar o a quien hacer responsable por el dolor que experimentaste con la primera flecha, incluso si te culpas a ti mismo. Sin embargo, esta segunda flecha no tiene por qué alcanzarte porque la segunda flecha es una elección. Dependerá siempre de tu respuesta emocional a la primera flecha.
Y es que el dolor, como el placer, es parte natural de la vida. Ambos son inevitables, ambos son impermanentes y ambos pasarán. Y a menudo nuestra reacción al dolor dura más que el dolor real. Es aquí donde sentimos esa segunda flecha y experimentamos un sufrimiento innecesario. Buscamos a alguien más a quien culpar de nuestro dolor, nos enfadamos con la mano que nos la ha lanzado o nos regañamos a nosotros mismos por nuestras decisiones. Todas estas son segundas flechas que sólo buscan prolongar nuestro sufrimiento, dejándonos atascados en la respuesta a la primera flecha y causándonos más dolor en lugar de permitirnos sanar y seguir adelante.
La segunda flecha nunca vuela a menos que te resistas a la primera. Al hacerlo, no ayudas a la situación. Tu rabia o preocupación por lo que ha sucedido no cambia nada para mejor. Es un arma que se vuelve hacia adentro.
La forma de dejar de lastimarte es aceptar que lo que te molesta ha sucedido. Esto no significa que tengas que convencerte de que estás bien o que tengas que estar de acuerdo con lo que ha pasado. Significa que dejes de luchar, de vivir en el pasado con tu dolor y que pases al presente para lidiar con lo que te aflige.
Cuando tomas una acción positiva, ya sea para calmarte, buscar ayuda o gestionar el problema de otra manera, dejas de concentrarte en lanzar la segunda flecha y la dificultad desaparece. Deja ir la necesidad de cambiar lo que ha ocurrido. Sí, ocurrió algo adverso, pero ya pasó. Lo que queda son las consecuencias, pero ya es hora de barrerlas y de hacerlas frente sin gritar sobre la injusticia que has sufrido.
En su mayoría, las segundas flechas tienen lugar en la oscuridad. Un ejemplo de ellas son los arrebatos de ira, las preocupaciones y las conversaciones autodestructivas. Una vez que las reconozcas verás cuánto daño te hacen y dejarás de crearlas en favor de una mayor tranquilidad.
Así que, cuando te alcance una primera flecha inesperada, permítete sentir su impacto. Date permiso para sentir el pinchazo y reconocer el dolor, y luego intenta tomar la decisión consciente de evitar que haya una segunda flecha.
"El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional."
KEEP SHINING.
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