Síndrome de abstinencia emocional



Quiero hablarte hoy de este síndrome. Sé que suena extraño, pero es algo mucho más común de lo que parece. Yo me siento totalmente identificada y lo pongo aquí porque tal vez a ti te pase lo mismo que a mí.

Voy a empezar por el principio o tal vez por el final. Porque todo esto empieza al terminar una relación. Y es que tras una ruptura, especialmente en los primeros días y semanas, puedes vivir sentimientos muy intensos que, en muchas ocasiones, afectan a tu capacidad objetiva y racional. El dolor, la tristeza, la angustia, la incapacidad de concentrarte y las ganas de contactar con tu ex pueden llevarte a situaciones de vulnerabilidad en las que es posible dejarte llevar por impulsos o arrebatos de los que puedes arrepentirte. Eso es precisamente lo que me suele pasar a mí.

Terminar con una relación y dejar ir a la persona que tanto has querido es complicado, y a pesar de tener claro que has hecho lo correcto alejándote, te mentiría si te niego que surgen momentos en los que te sientes débil y acabas dejando que tus emociones te dominen. Los psicólogos aseguran que en el enamoramiento se activan las mismas regiones cerebrales que cuando tomas drogas, lo que nos lleva a algunas personas a experimentar el "síndrome de abstinencia emocional" cuando lo dejamos con nuestra pareja. Esto no sólo causa dolor psicológico, sino que puede desembocar también en síntomas físicos porque afecta al sistema nervioso.

Cualquiera que haya experimentado el enamoramiento sabe que es una de las mejores experiencias que se pueden vivir, pero también existe la otra cara de la moneda: El desamor. Se trata de una situación difícil de superar que puede llevar a una crisis existencial si no se sabe gestionar correctamente.

Y es que el desamor te hace vivir momentos realmente dolorosos porque la química cerebral te hace sentir adicción por tu ex dirigiendo todos tus sentidos hacia esa persona, y haciendo que tu día a día se convierta en un intento por salir adelante y recuperar tu bienestar, a pesar de querer fundirte en los brazos de esa persona tan especial.

La química del amor puede hacerte vivir en una nube, pero cuando no tienes la posibilidad de estar con la persona que quieres puedes tener "mono", como si de una droga se tratase. Cuando te enamoras, tu cerebro segrega sustancias como la serotonina (relacionada con la felicidad), las endorfinas (hormonas asociadas a la sensación de placer), la adrenalina (hace que tengas una actitud enérgica) y la dopamina, que tiene una función importante en la supervivencia del ser humano al provocar la repetición de aquellas conductas que son clave para la perduración de la especie como, por ejemplo, la comida o el sexo. Sin embargo, esa misma dopamina también está implicada en las conductas adictivas, como son el consumo de drogas o la ludopatía. Por eso, esos mismos psicólogos dicen que, cuando el amor se rompe, pueden aparecer efectos secundarios y, entre ellos, el síndrome de abstinencia.

El síndrome de abstinencia emocional aparece cuando debes dejar de ver a la persona de la que estás enamorada, da igual si es por voluntad propia o ajena. Y en aquellas situaciones en las que puede haber relaciones tóxicas o infidelidades (o ambas, como en mi caso), su sintomatología puede incrementarse. Por suerte, algunas personas son conscientes de que estos síntomas son pasajeros y de que, con el tiempo, es posible recuperar el equilibrio emocional una vez que los circuitos neuronales se debilitan.

No obstante, otras somos incapaces de hacer frente al dolor emocional o no contamos con las herramientas necesarias para superar esta etapa. Como consecuencia, nos quedamos "enganchadas" a nuestra pareja. Somos incapaces de superar la adicción a ella.

La duración del síndrome de abstinencia varía de una persona a otra y, en muchos casos, puede ser una experiencia breve que va desapareciendo a medida que se acepta la situación. Sin embargo, como el desamor no es un proceso lineal, puede ocurrir que experimentes este síndrome de manera frecuente porque no eres capaz de hacer frente a la situación o porque sigues teniendo contacto con esa persona a pesar de la ruptura.

En mi caso, para superar el síndrome de abstinencia he recurrido a estas estrategias:
  •  Reconocer los síntomas y saber que es transitorio: El síndrome de abstinencia emocional tiene un punto álgido al poco tiempo de la ruptura (el primer mes suele ser el más difícil), pero con el tiempo es posible superarlo. Por eso, es importante reconocer que estás pasando por esta fase y que es transitoria para así intentar controlar esta experiencia física y emocional muy real y dolorosa.
  • Contacto 0: Cuando dejas una relación, seguir teniendo contacto con tu pareja (con la consecuente ilusión de que las cosas podrían arreglarse) es contraproducente. Esto lo único que deja claro es que existe dependencia emocional y alarga el sufrimiento si la verdadera intención es volver a ser feliz y recuperar el bienestar tras una relación que no ha funcionado. Por este motivo, el contacto debe ser nulo porque, igual que ocurre con las drogas, ver a la persona que quieres y tener contacto con ella favorece las recaídas. Y tiene su lógica: Exponerte a esa persona reactiva el circuito neuronal que está implicado en el enamoramiento, por lo que si lo que quieres es debilitarlo y recuperar la estabilidad emocional, debes ser fuerte y romper cualquier tipo de contacto con la persona, aunque cueste muchísimo. Evita incluso el contacto indirecto a través de las redes sociales porque esto sólo puede llegar a provocar obsesión.
  • Distraerte: Esto es lo que más me costaba a mí. Uno de los grandes errores en esta fase es dar rienda suelta a la obsesión y a los pensamientos intrusivos, que suelen ser habituales. Los recuerdos aparecen una y otra vez en  tu mente. Por eso, es importante buscar actividades que te obligen a distraerte. Pasar tiempo con los amigos o con la familia ayuda mucho.

Es cierto que hay momentos mejores, otros peores y otros horribles, pero al final todo pasa. Hasta hace unas semanas, era de las que cogía el móvil para escribir a esa persona y desahogarme. Ahora, alejo el teléfono lo más que puedo de mí, incluso hasta lo apago, y me dedico tiempo a mí y a distraerme mientras pienso que todo pasará. Y es que quiero creerlo así. Que al final, todo pasará.

No dejes de luchar nunca porque con todo se puede y de todo se sale. Yo, después de 3 meses, aún sigo luchando, día a día, pero espero en algún momento poder volver a escribir sobre este tema viéndolo todo desde la lejanía y sin que me duela el corazón.





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