El perdón



Hoy escribo esta entrada porque habéis sido muchos los que, de una forma u otra, habéis contactado conmigo para contarme vuestra historia y me ha sorprendido que la mayoría me habéis hablado sobre el perdón. Queréis perdonar y me preguntáis cómo es que lo he hecho yo, y os sentís mal por no poder hacerlo. Voy a aprovechar para hablar de lo que yo pienso al respecto y de mis propias experiencias personales.

Quienes no quieren aprender a perdonar reaccionan con indignación, rechazo e ira ante la simple idea del perdón. Por supuesto, no se puede obligar a nadie a perdonar, pero anclarse en la ira, el resentimiento y la rabia no es un castigo para quien te hizo daño, sino para ti mismo.

Perdón. Esta palabra tan corta encierra todos nuestros ángeles y demonios interiores. Muchos entendéis el perdón como un acto a través del cual se excusa o minimiza lo que has sufrido. Algunos incluso pensáis que significa olvidar lo que te han hecho. Nada más lejos de la realidad. Perdonar significa exclusivamente recordar la ofensa desde un nuevo punto de vista que no despierte sentimientos tan negativos, liberándote y permitiendo que el daño no te pudra por dentro. Perdonar no es un acto de liberación para quien cometió el mal, sino para la persona que lo sufrió, es decir, para ti. De hecho, para perdonar ni siquiera es necesario reconciliarse con la persona que te ha hecho daño. No se trata de convertirte en su amigo de repente, no. El perdón es un acto interior que te permite recuperar el control sobre tu vida y la paz que habías perdido por ser víctima de esas emociones negativas.

Perdonar no significa olvidar. Alguien que ha sido víctima del maltrato, que ha sido abandonado o a quien le han causado grandes daños no olvidará lo ocurrido, y tampoco debe hacerlo porque esas experiencias le servirán como ayuda para construir su resiliencia. De hecho, para perdonar es necesario asumir que lo que ha ocurrido ha sido terrible y que te ha dejado cicatrices.

Perdonar no es señal de debilidad, sino todo lo contrario. Es un gran signo de inteligencia y de madurez porque significa que, a pesar de todo, has decidido seguir adelante, no dejando que el pasado condicione tu futuro. El que te ha hecho daño no siempre lo reconoce, pero eso no es motivo para quedarte atascado en el odio. Para perdonar no es necesario recibir una petición de disculpas ni un resarcimiento, pero aferrarse a la ira y al resentimiento sí es tóxico para ti. Conduce a la depresión, el enfado y la amargura. Perdonar no es un acto que haces por quien te hizo daño, sino por tu propio bien. No perdonas al otro para hacerle un favor, sino para hacerte un favor a ti mismo.

Sin embargo, después de todo esto que te acabo de contar, creo que también existe la excepción que hace la regla. Y es que hay cosas que son imperdonables (por eso existe esa palabra) y que no vas a poder perdonar nunca. Y está bien. No pasa nada. De verdad.

Volviendo al comienzo de esta entrada, en la que me preguntabáis cómo he podido perdonar yo todo lo que me han hecho, la respuesta es que no he perdonado. Simplemente, no puedo hacerlo. Durante mi vida he perdonado muchas cosas. He podido tardar más o menos tiempo, pero al final acabo perdonando. Sin embargo, ha habido dos ocasiones en las que no he podido hacerlo. Muchos ya las conocéis, pero para todos esos que entráis a leerme sin saber mi vida anterior, os las contaré.

La primera fue hace unos 13 años. Una persona me hizo mucho daño, muchísimo. Y no podía perdonarla, no lo conseguía. Sin embargo, esa persona se esforzó desde el primer día de nuestra separación en que las cosas no fueran así. Estuvo en mi vida durante meses y años demostrándome que sabía que se había equivocado, y luchando a pesar de mi ignorancia hacia ella, hasta que un día no me quedó más remedio que rendirme a la evidencia. Lo que esa persona me había demostrado durante más tiempo del que habíamos estado juntas era que lo que me ofrecía era bueno. Y el perdón vino solo. No tuve que forzarme. No tuve que volver a hablar con ella de lo ocurrido. Simplemente, un buen día me salió contestar sus mensajes. Eso fue hace años. A día de hoy, juega uno de los papeles más principales en mi vida. 

La segunda vez es la más reciente, pero la historia es también la más distinta. Debido a todas mis experiencias anteriores, siempre le dije a esta persona que la perdonaría todo. Por eso, me forcé a ello una y otra vez, pero esa persona siguió haciendo daño indiscriminadamente. Hasta que un día me di cuenta de que no podía más y de que no podía seguir perdonándola. Y no me sentí mal por ello ni tampoco bien. Simplemente es lo que me salía. Cada vez que intentaba perdonarla me sentía peor conmigo misma. Y eso tampoco es bueno. Y como dije antes, no es que no la perdone para castigarla, qué va. Bastante tiene ella ya con cargar el resto de su vida con todo el dolor y daño que hizo. Nada de esto lo hago por ella. Lo hago por mí. No puedo forzarme a nada porque al final la que acaba jodida soy yo misma. Por supuesto, no puedo decir que jamás la perdonaré porque lo mismo pensé la primera vez, pero también sé que su actitud es radicalmente distinta a la de esa primera vez. Eso no significa que ella tenga que modificar nada, es lo que la sale y es así como debe de ser. De la misma forma, yo dejo que mis sentimientos fluyan como vayan saliéndome. Posiblemente no la perdone jamás y no me sentiré mal por ello, al igual que tampoco me sentiré mal si acabo perdonándola.

El perdón es un proceso. Hay veces que se tarda meses, otras años. Y otras, simplemente, no se puede perdonar. Y repito, no pasa nada. Está bien así. Lo importante es que tú, y sólo tú, te sientas bien contigo mismo. No te fuerces a nada. Tal vez esa persona mueva cielo y tierra por ti, como me ocurrió a mí la primera vez, y consideres que te compense perdonarla (o no). Tal vez esa persona piensa que no te mereces que mueva ni un solo dedo por ti y consideres que no te compense perdonarla (o sí). Simplemente, dale tiempo al tiempo.

O, mejor dicho, date tiempo durante un tiempo.

Comentarios

  1. gran entrada y cuanta razon tienes.

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  2. Haz lo q quieras pero sigue feliz mi niña. Da gusto verte otra vez tan bien

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