El duelo



Una ruptura duele, fragmenta y establece un antes y un después en la vida. A veces, el origen de esa ruptura está en una traición o en darte cuenta de que hay más diferencias que valores en común. A menudo, se trata sólo de desamor o de una suma de decepciones donde sólo la distancia es la mejor solución. Sea como sea, hay que vivir un duelo, proceso para el cual casi nunca se está preparado.

Para superar una ruptura es casi obligatorio pasar inicialmente por un proceso de duelo y sentir todo el torrente emocional que cada etapa va a traer consigo: ansiedad, miedos, rabia, tristeza, etc. Hay algo que es claro: el tiempo por sí mismo no sana ni borra recuerdos.

Hay personas que se quedan estancadas en un diálogo interno basado en el porqué. "¿Qué es lo que he hecho mal? ¿Por qué me ha pasado esto? ¿Cómo voy a querer a alguien después de esto? ¿Por qué me ha tenido que pasar a mí?". Ésa soy yo, créeme. Sin embargo, y aunque sé por experiencia lo mucho que cuesta, hay que focalizarse en pensar "he terminado una etapa de mi vida y ahora debo centrarme en mí. No busco culpables, pienso aprender de lo vivido y voy a seguir adelante."

Durante estas últimas semanas, me he dado cuenta de que las relaciones sociales curan el alma. Los amigos, los compañeros, la familia y toda aquella persona con la que te sientas a gusto tiene un poder enorme que hará que tu negatividad disminuya. Si estás en compañía haces más planes, hablas de un millón de cosas distintas a tu ruptura, te diviertes y conoces gente nueva. En definitiva, abres puertas nuevas en tu vida.

Quizás no te apetece realizar todas las actividades que antes hacías, pero no importa, hazlas de todas formas. Es más, date la oportunidad de iniciar nuevos proyectos, de ampliar tu círculo social y de establecer nuevas metas en tu horizonte. Sólo tienes que forzarte a salir de tu cama, vestirte y hacerlo.

Puede que te hayan dejado, o que hayas experimentado una dura traición o decepción. El dolor puede ser inmenso, no hay duda. Primero, emerge el enfado y la rabia, seguidos de una noche entera de lágrimas. Sin embargo, piénsalo bien, ¿de verdad te mereces vivir de este modo durante mucho tiempo?

En tu interior hay una fuerza llamada resiliencia que puede borrar en ti ese rol de víctima para alzarte como la persona que en verdad eres: alguien fuerte que puede ser feliz de nuevo.

No todo es la pareja. En tu vida existen muchos más elementos importantes: la salud, el trabajo, la familia, el ocio, los amigos, las aficiones, etc. ¿Por qué enfocarte solamente en aquello que has perdido? Lo ideal es revertir ese enfoque, valorar lo que eres y, ante todo, agradecer todo aquello que sí que posees.

He leído por ahí que el duelo consta de cinco fases. La primera fase sería la de negación, donde no aceptamos que la relación se haya terminado, y tenemos todavía la esperanza de poder recuperar a esa persona. La segunda, sería la de enfado, rabia e ira, en la que se buscan las razones de lo ocurrido, tanto en ti ("¿qué habré hecho mal?") como en la otra persona. Después, vendría la fase de negociación, en la cual empiezas ya a buscar soluciones. La cuarta abarca un periodo donde se experimenta la tristeza y el dolor en sí, y se quiere llorar ese dolor. Y por último, viene la de aceptación, en la cual se asume lo que ha pasado. Se habla también de una sexta fase: la de asimilación. En ella, todo está superado y asimilado, y puedes hablar de ello sin emocionarte. 

La clave está, sobre todo, en aceptar la situación, en reconocer que la historia ha terminado y en saber poner el punto final. Fija tu objetivo en aceptar. No supliques amor a la otra persona. No pidas amor a quien ya no quiere estar contigo.

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