El silencio
Para mí, el silencio tiene dos significados. El primero es el que todos percibimos, es decir, el simple y mero hecho de callarse y no hablar. El segundo es el trasfondo que en ciertas ocasiones tiene el silencio.
Si hay algo que detesto profundamente es discutir y para no discutir hay que hacerse amiga del silencio de vez en cuando. Cuando estamos en plena discusión, lo más normal es encenderse y desahogarse a base de palabras que, por desgracia, suelen herir a nuestro interlocutor. En esos momentos, conseguir mantener la calma es realmente difícil y por eso la mayoría de las veces hay que hacer del silencio nuestro aliado. Hay personas que se desesperan ante él, pero en todas las ocasiones sirve para lograr que llegue la calma después de la tormenta, que los ánimos se aplaquen y que la discusión dé paso a una conversación.
Tengo la suerte de haber aprendido a saber cuándo hacer uso del silencio. Lo cierto es que me ha costado muchos años y no siempre lo logro, pero la mayor parte de las veces lo aplico en el momento justo y adecuado. No te niego que a mí también se me pasan por la cabeza un montón de palabras que pueden hacer mucho daño, pero no las digo. Sería muchísimo peor si las pronunciara porque entonces la persona con la que estoy discutiendo se sentiría herida y atacaría con más fuerza, ya que no hay mejor defensa que un buen ataque pero, en mi caso, es prácticamente imposible que yo diga algo que haga daño gratuitamente.
Y es que, si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, simplemente no lo digas.

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