Cabeza y corazón
Posiblemente separar la cabeza del corazón es uno los retos más difíciles que en algún momento de tu vida te has tenido que proponer, y mucho más difícil te habrá resultado si encima eres una persona más pasional que emocional, como es mi caso.
Cuesta mucho decantarte por lo que debes hacer en lugar de por lo que quieres hacer. Cuántas veces hemos querido ser (o hemos sido) irresponsables porque lo que nos apetecía era quedarnos en la cama durmiendo en vez de levantarnos para ir a clase o a trabajar, o cuántas veces hemos dejado de hacer lo que debíamos por quedarnos viendo una peli, jugando a la Play o por quedar con alguien cuando lo correcto es que estuviéramos a esas horas estudiando en casa.
Pero lo más difícil de todo es cuando tienes que mantenerte calmada en una situación en la cual tu instinto te dice que actúes. Por ejemplo, cuando sabes que a algún amigo tuyo le pasa algo y tienes que conformarte con el "estoy bien" cuando sabes que está jodido, pero que tú lo que quieres es seguir preguntando para saber qué le pasa exactamente y tratar de ayudarlo; cuando tienes que apoyar a alguien que sabes que la está cagando y te dan ganas de decirle "¡Tío, espabila!", pero que sabes que se tiene que dar la hostia para aprender de sus errores y tú tienes que limitarte a apoyarle en todo lo que haga; o cuando tienes que aguantar a alguien que quieres que desaparezca de tu vida y te dan ganas de decirle "¿Por qué no te vas de una puta vez a tomar por culo y me dejas en paz?", pero que sabes que ganas mucho más ignorándole porque no hay mejor desprecio que no hacer aprecio y porque a veces tienes que respetar ante todo a personas que están más cerca de esa gente que tú.
Creo que el equilibrio perfecto es la unión entre cabeza y corazón en igual medida, aunque también creo que hay veces en las que tienes que utilizar sólo una de las dos y olvidarte de que la otra parte existe siquiera.

Comentarios
Publicar un comentario