Descontrol
¿Hay algo peor que el descontrol? Para mí no, desde luego.
Por descontrol me refiero a no ser capaz de manejar una situación. Sabes que soy una persona muy estratega, me gusta pensar y analizar cada una de las posibles situaciones y las consecuencias que puede tener el que actúe de una forma o de otra. Sabes que sé perfectamente llevar por donde quiero cualquier situación, que me basta con una mirada para intimidar a mi interlocutor y hacerle sentir incómodo y nervioso... hasta que anoche se cambiaron los papeles.
No se me dan mal las distancias largas, pero soy la mejor mejor en las cortas. He aprendido a leer en los ojos de una persona lo que puede estar sintiendo o pensando, pero claro, siempre y cuando mantenga la cabeza fría, y eso no fue lo que pasó anoche.
Anoche me fue, simplemente, imposible. Estaba intentando controlar una situación hasta que, de repente, la situación me controló a mí. De repente, sentía cosquillas en la barriga cuando se acercaba. De repente, los nervios se apoderaban de mí y no podía reaccionar. De repente, era yo la que no podía mantener la vista fija en sus ojos porque sentía que me penetraban hasta el punto de leer todos mis pensamientos. De repente, tenía unas ganas locas de besarla y sólo Dios sabe el inmenso esfuerzo que tuve que hacer para contenerme al no saber cuál iba a ser su reacción. De repente, me sentí totalmente vulnerable. De repente, sentí que podía hacer conmigo lo que quisiera.
De repente, perdí el control.
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