Los tres grados
Yo, cuando estoy con el ánimo
cambiante, siento algo así como una tristeza en grado I. Es suave, una
mezcla de melancolía y añoranza que a veces me sienta hasta bien, pero
a veces esa dulzura desaparece de un plumazo. La tristeza en grado I me tiene todo
el día a la deriva: A ratos estoy bien y a ratos mal. No puedo hacer
nada para luchar contra eso.
Grado II de la tristeza: Ya no hay disimulo. La tristeza está a la vista de todos, pero queda un resto de ánimo para pedir ayuda. En esta fase, a la tristeza se le puede dar esquinazo: Los hay que salen de copas y que les funciona de maravilla; los hay que trabajan hasta las tantas y así no tienen tiempo para pensar en nada; y los hay que intentan esquivar la tristeza para, simplemente, no tener que sentirla. En mi caso, últimamente estoy aplicando las tres opciones a la vez, aunque creo que la mejor terapia para un mal día es dormir y cruzar los dedos para que al día siguiente la tristeza no suba un grado más.
Grado II de la tristeza: Ya no hay disimulo. La tristeza está a la vista de todos, pero queda un resto de ánimo para pedir ayuda. En esta fase, a la tristeza se le puede dar esquinazo: Los hay que salen de copas y que les funciona de maravilla; los hay que trabajan hasta las tantas y así no tienen tiempo para pensar en nada; y los hay que intentan esquivar la tristeza para, simplemente, no tener que sentirla. En mi caso, últimamente estoy aplicando las tres opciones a la vez, aunque creo que la mejor terapia para un mal día es dormir y cruzar los dedos para que al día siguiente la tristeza no suba un grado más.
En el grado III, la cosa se pone fea: Amargura, impulso autodestructivo y rendición. Ya no hay consuelo, sólo vale el refugio de la soledad y me siento tan mal que ni siquiera quiero torturar con mi compañía a ningún amigo. Una vez me dijeron que, por muy mal que te sientas, no te puedes acostar nunca sin haberle arrancado una sonrisa al día. Supongo que no es un mal consejo, pero a veces las sonrisas están muy caras. Y es que anoche salí y me pareció verla. Tenía el pelo moreno y liso, largo y con el flequillo peinado hacia la derecha. Caminaba, se reía y gesticulaba igual que ella. Sebas, después de casi un año sin nombrármela (se lo tengo totalmente prohibido a todo el mundo), se me acercó sin haberle comentado yo nada y me dijo:"Sí, se parece muchísimo, yo también la he confundido al principio, pero no, no es ella, tranquila". No hizo falta que me dijera nada más porque ya nada más se podía hacer por mí en ese momento.
En el grado III de la tristeza, el único consuelo es saber que todo lo malo es siempre pasajero y que, en el momento menos pensado, te espera una frase (o dos palabras) que te puede cambiar la vida.
Anoche, después de casi 6 meses sin hacerlo, volví a llorar por ella.
¿La llama se apagó?
No sé...
¿Matamos la ilusión?
Tal vez...
¿Y dónde quedo yo
en este mundo sin color,
sin historias que contarte?
Sin saber cómo explicarte:
Que hoy te veo y,
aunque lo intente, no se me olvida
que eras tú el que no creía en las despedidas;
que sigo siendo la misma loca
que entre tus sábanas se perdía y,
a fin de cuentas, no soy distinta
de aquella idiota
que te quería.
No importa cómo fue ni quién,
queríamos beber sin sed;
¿Y dónde quedo yo
en este mundo, sin tu voz,
ignorando las señales
que me llevan a encontrarte?
Que hoy te veo y,
aunque lo intente, no se me olvida
que eras tú el que no creía en las despedidas;
que sigo siendo la misma loca
que entre tus sábanas se perdía y,
a fin de cuentas, no soy distinta
de aquella idiota
que te quería...
Que todavía espera verte sonreír,
que todavía espera verse junto a ti.
Que hoy te veo y,
aunque lo intente, no se me olvida
que eras tú el que no creía en las despedidas;
que sigo siendo la misma loca
que entre tus sábanas se perdía y,
a fin de cuentas, no soy distinta
de aquella idiota que te quería.
Que sigo siendo la misma loca
que entre tus sábanas se perdía y,
a fin de cuentas, no soy distinta de aquella idiota
que te quería.
Nadie es suficientemente importante para que llores, sufras o sientas incluso el odio.
ResponderEliminarAdmira cada mañana como si fuese el último. Vive sintiendo la fragancia de un recuerdo pero que este no sea suficientemente grande para convertirse en obstáculo y no poder continuar tu camino.
Hay recuerdos que es mejor no volver a tener nunca en la mente, pero para todo se necesita tiempo porque el tiempo todo lo cura
ResponderEliminarSeguro que en su momento no creias así. Cuando se te pase la tristeza cambiará tu perspectiva
ResponderEliminarCuando se me pase la tristeza serán simplemente recuerdos que, al ser malos, no querré tenerlos. No sé quién eres ni si me conoces, pero si es así deberías saberlo tan bien como yo
ResponderEliminarsolo opino
ResponderEliminarY puedes seguir haciéndolo tantas veces como quieras ;)
ResponderEliminarGracias amiga.Pero verdaderamente sigue tu vida con ánimo de seguir. El desamor se irá, más tarde o más temprano porque no vale la pena estar mal por nadie
ResponderEliminarY menos por gente que no demuestra que vale la pena tampoco. Gracias por tus consejos ;)
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