La humedad, el pelo y la plancha

Hay muy pocas cosas que no me gustan de PR, pero una de ellas es la tremenda humedad que hay aquí. La pura verdad es que es la misma que en cualquier otro sitio de costa, pero yo aquí me desespero. Ya sabes que no soy una persona a la que le importe demasiado la imagen, que últimamente estoy más dejada que nunca y que prefiero ir cómoda a ir guapa, pero si algo me saca de quicio es no poder controlar mi pelo. Me puede faltar un buen corte y saneármelo, eso desde luego, pero me jode no poder dejármelo liso. En Madrid es algo que controlo (bueno, muchas veces, otras no), pero aquí me resulta, simplemente, imposible.
Mi madre me regaló hace unos dos meses una plancha como la que ves arriba. Ya había llevado el pelo liso en otras ocasiones, pero siempre porque me lo habían alisado. Yo tengo un problema en el codo izquierdo, me lo rompí hace muchos años y no puedo doblar el brazo completamente, así que secarme el pelo ya me cuesta de por sí un triunfo (igual que muchos otros movimientos a los que, por pura necesidad, me he tenido que adaptar). Cuando me han planchado el pelo, he de decir que las dos personas que normalmente lo hacían me lo dejaban fenomenal, las cosas como son. Bueno, pues un buen día decidí echarle valor y aprender por mi cuenta pues, si esas personas podían dejármelo tan bonito, yo también podía pero, sinceramente, estoy tardando más de la cuenta, aunque supongo (y quiero creer) que es por el brazo. Aún así, seguiré intentándolo hasta que lo logre porque soy muy ambiciosa y, sobre todo, muy constante.
El problema viene cuando llego a la costa y es que en estos sitios no soy capaz de lograr que el pelo me quede como yo quiero, pero ni con plancha ni con secador ni de ninguna de las maneras. Da igual que esté 5 ó 50 min, el resultado al final va a ser siempre el mismo: En cuanto pasan 10 min, ya tengo el pelo fatal. Así que, POR FAVOR, si vives en la costa y/o sabes cómo lograr que el pelo se te quede liso en una zona donde haya humedad, dime cuál es el secreto porque, con 28 años que tengo, yo sigo sin saberlo.
Si por algo te echo de menos, es por lo bien que me planchabas el pelo.
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