Esperar y desesperar

Me considero una persona paciente, muy paciente o excesivamente paciente en según qué circunstancias, pero reconozco que mi paciencia choca radicalmente con mi capacidad de esperar. Me cuesta mucho esperar a que las cosas sucedan y supongo que se debe, una vez más, a mis ganas de querer controlarlo todo.
Antes no era una persona paciente (por no decir que era bastante impaciente), pero mientras más he trabajado con perros, más paciencia he ido adquiriendo, aunque también he de reconocer que a veces demasiada paciencia es mala porque hay personas que se pueden aprovechar de eso y meterte el dedo en la herida hasta hacerte explotar. Y cuando eso sucede, las consecuencias suelen ser devastadoras.
Ya sabes, bien por haberlo vivido personalmente o bien por haber leído entradas anteriores, que lo he pasado muy mal este verano, pero como no hay mal que por bien no venga, aprendí bastante de esa experiencia: Primero, que hay que tener muchísimo cuidado de de quién nos fiamos, aunque de eso ya te hablaré otro día; y segundo, que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Tal vez ese ha sido uno de los mayores errores que he cometido siempre y es que, en cuanto no controlo algo, me desespero o, mejor dicho, me desesperaba. No es que haya conseguido controlar mi impulso al 100%, pero gracias a la ayuda de mis dos "abogados" he aprendido a llevarlo bastante mejor y ya es muy difícil que haga algo sin haberlo pensado antes unas 2396 veces. Si en este sentido eres como yo, el único consejo (si lo quieres, claro está) que te puedo dar respecto a este tema es que intentes ser lo más paciente posible, que no hagas mucho ruido, que dejes que las cosas vayan a su ritmo y que dejes que el tiempo sitúe a cada uno en su lugar. Porque al final a todo lechón le llega su Navidad (adaptación puertorriqueña del famoso "a cada cerdo le llega su San Martín") y basta con que te sientes en la puerta de tu casa para que veas el cadáver de tu enemigo pasar. Como me dijo mi "abogada" la mañana del 25 de Junio y como reza mi móvil cuando lo enciendes: Hay que saber esperar.

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